La ventana estaba cerrada a cal y canto. El viento ululaba fuera. También se oía pasar a los coches lejanos que conducían por la carretera. Los sirvientes empezaban a despertarse y ya llegaban los primeros olores del desayuno. Las cortinas estaban levemente iluminadas por rayos de sol que se colaban miedosos por las rejas de las persianas. Apenas se podían apreciar leves sombras de los objetos que había en la habitación. Como el contorno de un armario o la forma de un espejo.
En la cama las suaves sábanas de seda arropaban sus cuerpos desnudos. Poco a poco Eve se va despertando lentamente. Había tenido un sueño maravilloso en el que lo hacía con John en casa de sus padres. Pero lo que ella creía que había sido un sueño, era la propia realidad. Se estiró en la cama y le dio un tortazo en la cara a John que dormía acurrucadito a su lado. Apenas se inmuto. La abrazó como si fuera una muñeca y siguió durmiendo. Eve se dejo abrazar. Disfrutaba al notar el calor de su cuerpo, el cariño que le infundía con el abrazo y lo protegida que se sentía.
Tenía un reloj en la mesilla de noche. Miro la hora que era. Un miedo irrefrenable le inundó el cuerpo. Había pasado toda la noche fuera de casa. Paul debía haberse dado cuenta. ¿Qué podría decirle? Ahora no era momento de pensar si no de actuar, debía volver a casa cuanto antes. Se deshizo del abrazo de John, despertando a este, y se empezó a vestir. John fue desperezándose poco a poco. Dándose cuenta de la realidad y por último la miro a ella. Como con movimiento torpes y apresurados se vestía. Todo este espectáculo le saco un pequeña sonrisa. Eve le fulminó con la mirada al ver lo que hacía y le dijo:
-John, por favor, que estoy desnuda. No mires.
-Pero si ya te he visto- dijo acercándose a ella y cogiéndola por la cintura.
-Déjame, tengo que irme. Paul debe estar de los nervios al ver que no estoy en casa.
-Qué más da Paul.
-Mi marido.
-Yo se que a quien quieres es a mí.
-¿Y cómo sabes que no es al revés? ¿Qué no es a ti a quien utilizó y que no es a Paul a quien amo?
-Por esto- y la besa en los labios dulcemente.
Agnes había quedado con Jimena en “Anthony´s guitar shop” para mirar guitarras. Pretendía regalarle una a George como regalo de San Valentín.
Caminaba por la calle tranquilamente. Llevaba puesto un abrigo rojo con un sombrero a juego. Calzaba unos botines marrones y de su brazo colgaba un bolso de color marrón. Se notaba que era una chica rica. Esto atrajo la atenta mirada de un desconocido. Se dedicó a seguirla sigilosamente sin que ella se enterara. Cuando Agnes dio la vuelta en una esquina metiéndose en un callejón por donde no solía circular mucha gente se plantó detrás de ella y la acorraló.
-Dame el bolso. -del bolsillo de su pantalón dejo entrever el filo de una navaja.
Agnes tenía el corazón a mil. Nunca se había sentido tan indefensa. Tiro el bolso al suelo y miro al desconocido con una mezcla de pavor y odio. El atracador no se conformó con llevarse el botín si no que la cogió del brazo y le hizo una marca con sus iniciales. Luego salió corriendo. La sangre recorría su brazo. Corrió rápido hasta llegar al sitio donde se encontraba Jime y se fueron al hospital. Por suerte la herida había sido superficial y tan solo se la desinfectaron. Aun así la cicatriz con las iniciales de aquel vil personaje nunca se borrarían de su brazo.
-Siéntate allí y quítate la toalla.
Carol hace lo que le dice. Debajo de la toalla no llevaba absolutamente nada. Estaba totalmente desnuda. Pero en eso consistía. Él la tenía que pintar desnuda. Ese era el trato. Stu se acerco a ella y con extremada delicadeza le apartó el pelo para que se le viese mejor. También le puso los brazos como él quería que saliera en la pintura. Luego volvió al lienzo y la empezó a pintar. El tiempo se pasaba bastante deprisa. Mientras la pintaba conversaban animadamente de su antigua vida. Cuando estaba a punto de terminar la pintura la puerta de la casa se abrió y apareció Judith. Fue sigilosamente al estudio para dar una sorpresa a su queridísimo marido. Abrió la puerta sigilosamente pero cuando noto la presencia de una mujer la cerró dejando tras de sí una rejilla por la que poder ver lo que sucedía dentro. Una chica rubia estaba desnuda al lado de Stu. Los dos miraban un lienzo. La chica se rió y le beso en los labios. No pudo ver nada más. Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver a su amor sucumbiendo a otra mujer. Se apartó rápidamente de la puerta y se fue de la casa dando un portazo al salir.
Stu oyó el portazo y fue corriendo a ver quien había dejado el domicilio. Por las escaleras vio los castaños rizos de su alma gemela. Corrió tras de ella a ver lo que le pasaba. Al llegar al portal la vio sentada en las escaleras llorando amargamente. Se sentó a su lado y le dijo:
-¿Qué te pasa pequeña?
Judith ni siquiera le miro.
-Judith, cariño. ¿Qué te pasa?- la intentó abrazar pero ella se apartó de él y le miro fijamente.
-¿No sabes lo que me pasa? Yo creí que me amabas Stuart. Creí que era tu princesa y tu mi príncipe. Estábamos hechos el uno para el otro. Confiaba plenamente en ti y ahora te encuentro con una chica mucho menor que tu desnuda y encima que tiene la libertad para besarte.
-No es lo que parece Judith.
-No, no digas eso. Ya no te creo.
-Por favor, déjame explicarme.
Judith apartó su mirada de la de él durante unos minutos. Pensó en todas las veces que ella le había contado secretos, en todas las ocasiones en las que él la había defendido, en todas las veces que él le había dicho te quiero… Decidió que se merecía al menos explicarse.
- Vale, dime.
- Estaba pintando a Carol para una pintura. Me han dicho que si traigo la pintura de una mujer desnuda y les gusta me la expondrán. El otro día vi a Carol que es la hermana de Eve y me pareció perfecta. Así que le pedí que posara para mí y ella acepto. El caso es que acababa de pintarla y le estaba enseñando el cuadro cuando de repente ella me beso. Yo me aparté pero tú ya te habías ido… Créeme Judith. Eres a la única a la que he amado de verdad.
Judith escuchó atentamente su versión de los hechos y luego le miro. Después le dio una bofetada y un beso en los labios.
-La próxima vez que quieras pintar a una mujer desnuda, dímelo a mí.
Una vez dijo esto subió las escaleras y sacó a Carol, por los pelos, de su casa.
John ya estaba en casa cuando Rosa llegó. Estaba sentado fumándose un cigarrillo. La miro entrar, eran las siete de la mañana.
-¿Dónde estabas?-preguntó con un deje de furia en su voz.
-Salí a dar una vuelta.- le contestó de buenas formas ignorando las de él.
-¿A estas horas?
Pasó de largo en dirección a la habitación pero él la cogió fuertemente del brazo y la obligo a contestar.
-Te he hecho una pregunta.
-Si estaba dando una vuelta a estas horas.
-¿Sola?
-Sí sola.- dio un tirón para soltarse de él y se metió en su habitación donde se encerró.
John la miró y empezó a cavilar todo. No se creía que ella se hubiera ido a dar sola un paseo a estas horas. ¿Quién le aseguraba que había pasado la noche allí? Él no lo había hecho. Pero si se lo cuestionaba a lo mejor descubría su infidelidad y eso no le convenía. Así que lo dejó estar de momento.
Eve daba vueltas sin rumbo por el parque. No veía hacia donde podía ir. No quería volver a su casa y encontrarse con la realidad. Ya no amaba a Paul y sospechaba que nunca lo había hecho. Pero con John no se podía quedar. Él amaba a Rosa y a ella solo la utilizaba para lo que quería: follar.
El día pasaba y los transeúntes empezaban a llenar las calles de Londres. Algunos viejecitos había madrugado y ya estaban sentados dando de comer a los patos. Muchos de ellos venían acompañados de sus respectivas parejas. Al verlos, Eve pensó en su sueño cuando permanecía encerrada en aquella habitación. Soñaba con tener una familia con alguien que la quisiera mucho. Todo eso lo había logrado. Tenía una hija a la que adoraba, a su hermana que era su lazó con el pasado y a Paul que la amaba. Y aún así ella no estaba contenta. Le faltaba algo. Hasta entonces no lo había probado y no se había dado cuenta de que le faltaba. Pero ahora sí y lo necesitaba. Necesitaba que la abrazase, que la besase y que le hiciese sentirse como en una nube. Que el tiempo se parase para ellos… Ese algo era el amor que sentía por John. Era como una droga a la que ella estaba enganchada. Necesitaba estar cada segundo a su lado y cuando no lo estaba hablar de él o dejarse llevar por sus imaginaciones. Le amaba como nunca había amado a nadie antes. Ni siquiera a su pequeño encaprichamiento de juventud.
Las horas pasaban y Eve seguía sin estar en casa. Ya había llamado varias veces a Agnes, Rosa, Judith y Jime, pero ninguna sabía nada sobre ella. Estaba muy preocupado por donde podía estar, según Carol no había pasado la noche en casa. ¿Y sí le había pasado algo? Fue cuando entonces picaron a la puerta. La abrió y vio a John.
-¿Qué quieres?
-¿Ha aparecido?-dijo con ansiedad en su voz.
-No aún no.
-Vale, mantenme informado. -y se fue por donde había venido.
Corrió por todas las calles de la ciudad sin conseguir encontrarla. La noche estaba empezando a caer sobre Londres y la oscuridad de las calles impregnaba el ambiente de delincuencia. Tenía que encontrarla. Eso era lo único que lograba procesar en su cabeza. Necesitaba saber que seguía viva y que estaba bien. Las ansias de encontrarla le oprimían el pecho y hacían que acudieran pequeñas lágrimas a sus ojos. Todo el temor a no volverla a ver se intensificaba a medida que pasaban las horas.
Pero no todo el mundo estaba triste por la desaparición de Eve. Había alguien que la buscaba con otro fin. Había encontrado la oportunidad idónea para acabar de una vez por todas con ella. Tras un tiempo de buscarla sin ningún resultado, la vio. Su cabello rubio ondulaba detrás de un árbol. Se acercó sigilosamente a donde estaba ella. Si se confundía se metería en un gran lío pero si lo lograba se acabarían todos sus sufrimientos. Llevaba puesto un polo negro y un gorro que le tapaba toda la cara. Solo se le podían ver los ojos. La agarró por la boca con un pañuelo donde había vertido unas gotas de somnífero.
Alguien la agarró por la boca y un sueño irrefrenable se apoderó de ella. Se calló hacia atrás sin poder evitarlo y lo último que logró ver fue unos ojos miel centelleando en la noche. Cuando se despertó un hombre estaba a su lado. Le resultaba extrañamente familiar. Miró a la habitación donde se encontraba y empezó a centrar la vista. Era una pequeña cabaña con un fuego, una cocina de madera una mesa y una cama donde ella estaba acostada. Un agradable aroma a comida le llegó desde la cocina.
El hombre aún seguí a su lado. Le volvió a mirar fijamente y entre sus arrugas descubrió la cara familiar alegre y atractiva del que una vez la había tomado entre sus brazos y le había hecho el amor.
-¿Robert?
-Ya veo que me has reconocido.
-¿Cómo no hacerlo?-le mira con dulzura- ¿has sido tú él que me ha hecho esto?
-No, Eve, no. No sé quien ha sido porque no logré verle la cara pero yo solo te salvé de sus zarpas- se acerca a ella e intenta besarla.
Aparta la cara.
-¿Ya no te parezco atractivo Eve?
-No, no es eso Robert. Es que… simplemente me he enamorado de alguien.
-Me alegro de que estés enamorado.
-¿Te alegras?- le mira sorprendida.- ¿Tu también lo has hecho?
-No, sigo estándolo de ti. De aquella graciosa y juguetona niña de cabellos rubios que me llevó al desastre.
-Lo siento mucho. Yo nunca deseé que te echasen. -le mira avergonzada. -Yo te amaba Robert… pero fue tan solo un amor de juventud.
-Sí. Pero gracias a ti me he encontrado con alguien sumamente especial.
-¿Quién? ¿Cuándo?
-Se ríe.
La puerta de la pequeña cabaña se abre y un cuerpo pesado la abraza y le llena la cara de dulces besos.
-¿John? ¿Qué haces tú aquí?
-Por fin te encuentro. -sonríe ampliamente -no lo vuelvas a hacer.
-¿Estabas preocupado por mi?
-Claro que sí. Eres mi mejor amiga.
-Ya -sonríe un poco decepcionada.
-Te llevaré a casa.
-No John, aún no quiero irme. Estoy muy cómoda aquí.
-Pero Paul está preocupado. Ya no sabe que decirle a Anne para que deje de preguntar por ti. Y también están como locas Rosa y Agnes.
-Vaya he montado un gran jaleo.
-Si.-le sonríe.
-Déjala un poco más-dice Robert.- Al menos hasta que recupere las fuerzas del todo.
-Mmm… bueno… vale papá.
Los relámpagos iluminaban las oscuras calles aquella noche. Los truenos eran ensordecedores. La noche en Londres había sido visitada por una tremenda tormenta. Así que las autoridades locales recomendaban quedarse en casa. Pero ellos no estaban en casa. Se encontraban en el nuevo edificio de Apple. El edificio se encontraba en una calle con casas de distintos colores. La de Apple era la blanco. Pero nadie sabía quienes eran los verdaderos dueños de esta discográfica. Sabían que promocionaban un grupo que iba poco a poco haciéndose famosos, Star Rain. Era un grupo formado por cuatro chicas de distintas ciudades. Dos de ellas eran inglesas, Dallas Moon y Amy Gobbi; otra era alemana, Judith Sutcliffe; y por último estaba su líder que era española, Lucy Briggs Sauri. Pero de los verdaderos dueños no se sabía nada. A veces entraban cuatro hombres con barbas abundantes y ropa que ocultaba bastante. Pero cuando alguien intentaba dirigirles la palabra ellos corrían dentro sin siquiera dirigirle a aquella persona una mirada.
Dentro, el edificio, se dividía en tres plantas. La planta cero que era un vestíbulo que daba a dos escaleras, una para subir a la planta de arriba y otra para bajar al sótano. A mano derecha y a mano izquierda había salas con muchas mesas y estanterías llenas de libros. Al fondo y oculto casi por las escaleras había un baño un poco desaliñado. Dicho baño consistía en un espejo roto, un lavabo y un váter. Subiendo las escaleras llegabas a una gran sala que en un principio parecía solo contener un armario cerrado con llave. Pero si te fijabas un poco mejor y mirabas al techo de la estancia podías ver un pequeño cuadradito con un manillar de metal. Si tirabas del manillar hacia abajo se abrían unas escaleras, en apariencia peligrosas, que daban a la azotea. En el sótano estaba todo el estudio de grabación. Era una estancia bastante grande donde se encontraban todos los instrumentos de las chicas: dos guitarras, una batería, un bajo, un órgano y un piano. El suelo de la estancia era blanco y a cuadros y las paredes eran acolchadas para aislar la habitación del ruido.
En la estancia se encontraban nuestros chicos. Todos formando un corro alrededor de una pequeña radio que había en el suelo. Estaban escuchando uno de los más importantes programas de Londres, BBC FM. Les habían contado que una de sus canciones saldría esa noche en la emisora.
-Lo que acaba de sonar ahora es “Help” del grupo The Beatles. Ahora pondremos una canción de un grupo que hace tan solo un año que existe, Star Rain. Estás cuatro chicas han llegado pisando fuerte desde un principio y parecen ansiar el derrocamiento de los Fab Four the Liverpool. Vamos a escuchar “Hold Me Tight”.
La canción empezó a sonar en la radio. Se escuchaba como Rose cantaba y como tocaban todas sus respectivos instrumentos. La música inundó la habitación. Ninguna de las cuatro chicas podía creerse que estuviesen saliendo en la radio. Todas recordaban como había empezado todo. En aquel avión tras la vuelta de Estados Unidos. Y cuando una vez en Londres invitaron a Judith a venir y les contaron a ella y a Eve la idea. Acabó la canción y volvió a hablar la locutora de la radio:
-Señoras y señores… ¡Comienza el nuevo año!
1965. Ese era el nuevo año que comenzaba. 1964 se había acabado. Habían pasado tantas cosas. Entre ellas los Beatles habían grabado su primera película, “A hard days night”. Sus relaciones con sus chicas eran espléndidas al menos a simple vista. La gente aún no se había enterado de que los corazones de los cuatro Beatles tenían dueñas. Un nuevo grupo de chicas había cogido fama. Aun teniendo tan solo un año había conseguido mucha popularidad entre la juventud londinense.
Eve trajo el puding a la mesa.
-Que aproveche.
Rosa se llevó la cuchara a la boca y saboreó el pudin que habían preparado los chicos. Pero no se percató apenas de su sabor. Estaba pensando en todo lo que había pasado y en todo lo que les depararía el futuro. Prometían ser un grupo bastante bueno. Hacía poco les habían propuesto que hicieran una gira por Hamburgo. A los chicos no les parecía buena idea. Ellos habían vivido todo aquello en sus primeros años como grupo y no querían que sus chicas tuvieran que pasar también por ello. En palabras de John “ese no es un sitio para señoritas”. Extrañamente estas palabas la habían impulsado a aceptar la oferta. Su carácter rebelde había hecho que no hiciera nunca caso a la gente. Volar libre como un pájaro siempre había sido su voluntad. Dentro de dos meses partirían hacia la ciudad alemana.
-¿Te gusta?
Volvió la cara para ver quien era el que le hablaba. Paul estaba sentado a su lado con un plato de pudin en la mano y le sonreía.
-¿El qué?
-El pudin.-dijo riéndose.
-Ah… si. Os ha salido muy rico.
-¿En qué pensabas?
-En la gira.
-Ah… ya- dijo. En su cara se reflejó un destello de preocupación.- no deberíais ir. No es un sitio muy bonito.
-Vamos a ir. Eso está decidido.
Se levantó muy decidida y se fue a la otra esquina de la sala. Estaba enfadada. ¿Por qué tanto miedo a que fueran? No querían que triunfaran, que se hicieran famosas…
Todos estaban durmiendo. O eso es lo que parecía a simple vista. Los rayos de luna no podían colarse al sótano así que para ver había que guiarse por el oído y por tacto. John se despertó y consiguió a duras penas llegar a dónde dormían Eve y Paul. Le dio unos toquecito a Eve para que se despertara y le susurró:
-Estoy arriba. Ven.
Se fue. Salió de la habitación. Eve procesó la información y se deshizo del abrazo de Paul para salir sigilosamente por la puerta. Luego subió las escaleras poco a poco. Pero cuando llego al piso de arriba no estaba John. Se quedo completamente desconcertada. Alguien la agarro por la cintura con fuerza.
-Has venido.-dijo John susurrando.
-¿Hice mal?
-No. Subamos.
La dejo de abrazar y abrió la trampilla que llevaba a la azotea. Subieron. John encendió un cigarrillo y se sentó en el suelo. Eve se sentó a su lado.
-Ya ha parado la tormenta.
-Sí.
Apagó el cigarrillo y la besó. Eve le siguió el beso. Dulce y apasionado, húmedo. Y mientras se besaban miles de meteoritos caían en el firmamento. Luminosas bolas de fuego caían sobre ellos sin llegar a tocarlos. Como una lluvia de estrellas.
Se quedo en un beso. En un simple beso. Los dos sabían que corrían ya bastante riesgo besándose estando sus respectivas parejas unos metros más abajo, durmiendo. Podían despertarse y al no verles buscarles. Pero algo de riesgo siempre es divertido y emocionante. Por eso se besaron y porque en ellos ya se había prendido la llama del amor.
Cuidar de su sobrina no era plato de buen gusto para Carol. La niña tenía solo tres años y la necesitaba absolutamente para todo. Se parecía mucho a su hermana. Los rizos rubios le caían sobre la cara en la que siempre se dibujaba una preciosa sonrisa. La odiaba casi tanto como la odiaba a ella. No soportaba tener que estar aguantando sus infantiles juegos todos los días. Estaba cansada de vivir ahí. Con su hermana, el marido de sus hermana y la hija de ambos. Ella quería volver a Francia y ser libre. Pero le conoció a él. Un chico alto de pelo castaño claro. Ojos marrones y constitución fuerte. Era cantante en la banda del momento. Compañero de su cuñado. Y esa persona era… John Lennon. El fantástico y loco guitarrista de los Beatles. Lo conocía de primera mano gracias a su hermana. En ella había nacido una mezcla entre obsesión y deseo por aquel hombre. Él tenía novia, Rose, una de las mejores amigas de su hermana. La chica era una pelirroja a la que a veces parecía írsele la cabeza. Tenía una visión de la vida bastante cruda. No le caía bien. Pensaba librarse de ella. Se libraría de toda persona que se le cruzase en su camino. Empezando por esa insoportable pelirroja y acabando por su hermana. Por supuesto haría que esta última sufriera antes de morir. Iría perdiendo poco a poco a todos sus seres queridos hasta al fin querer la muerte. La odiaba. Nunca le perdonaría lo que le había hecho. Por sus venas corría el veneno de la venganza. Pero la venganza es un plato que se sirve frío y por supuesto ella planearía un plan para matarla. Se vengaría por todo. Cuando la matara ella se lo suplicaría. Sufriría muchísimo. La ahogaría en dolor para luego matarla y acabar con su sufrimiento. Y así pensaba aliviar su ira hacia ella. Pensaba con ello terminar con todo borrarla del mapa para siempre. Y el primer paso era que su hija la prefiriera a ella antes que a su madre. Le quitaría el amor de su primogénita. La pondría en contra de su progenitora.
En el avión de vuelta a Londres, Rose y Paul se pasaron todo el viaje hablando.
- Estamos pensando abrir una nueva compañía discográfica pero necesitamos un grupo para probarla. Tiene que ser un grupo nuevo. No sabemos de dónde vamos a sacar uno.- le comentaba Paul a Rose.
- Mmm bueno… pues la verdad es que yo quería formar un grupo. Pero aún no tengo a gente que pueda tocar en él. No conozco a nadie.
- ¿En serio? Si formarás un grupo sería fantástico. Nuestra nueva compañía discográfica podría lanzaros.
- Perdona pero has dicho que quieres formar un grupo- les interrumpió Agnes.
- Si. Pero no conozco a nadie que toque ningún instrumento.
- Yo toco la guitarra y el piano.
- ¿En serio?
- Si. Y Judith me comentó que sabía tocar el bajo.
- Que bien. Me parece que ya tenemos grupo.
- No. Te falta la batería.
- Poner a Eve.- dijo Paul.
- ¿Sabe tocar la batería?- preguntaron las dos sorprendidas.
- Solo un poco. Pero Ringo podría darle clases.
- Que bien ya tengo grupo. – dijo entusiasmada Rose.
- Bueno te falta el manager.
- De eso me encargo yo.- dijo una voz a sus espaldas. Se giraron. Era Jime la que hablaba. – Vamos si no os importa.
- Por mi bien.- dijo Agnes.
- Por mi perfecto.- dijo Rose.
- ¿Y cómo os llamaríais? – preguntó Paul.
- Star Rain. –dijo decidida Rose.
A todos les gustó el nombre y así fue como se fundó Apple y como las Star Rain comenzaron su carrera como grupo.
A las siete de la mañana llaman a Brian los del hotel.
- Perdone por despertarle, Sr Epstein, pero uno de sus chicos se encuentra durmiendo en el suelo del vestíbulo. ¿Le importaría bajar y despertarlo?
- Ahora mismo bajo.
Se levantó de la cama y se vistió rápidamente. Fue corriendo hasta llegar al vestíbulo donde efectivamente encontró a Paul tirado en el suelo con los ojos cerrados y con el teléfono puesto en la oreja. Este chico le estaba dando muchos problemas. Nunca lo había visto tan descarrilado. Normalmente era John quien los causaba. Y por cierto hablando del rey de roma. Este viaje había estado muy tranquilo. Pero si dormía en la misma habitación qué Paul ¿como es que no lo había echado en falta? Aquí había gato encerrado. Luego se pasaría por su habitación. Pero primero estaba Paul. Se acerca a él y le da unas palmaditas en el hombro.
- Paul, ya es de día.
- Déjame dormir un poco más Eve.
- Yo no soy Eve…
Paul se despierta y ve a Brian. Da un salto hacia atrás y se da un golpe en la cara con el teléfono.
- Paul, me puedes explicar ¿qué haces durmiendo aquí?
- Emmm… pues… es que fui a llamar a Eve, pero como no me cogía el teléfono y era muy tarde me quedé dormido.
- No debe volver a pasar. Esperemos que nadie te haya sacado una foto.
- Lo siento Brian.
- Segunda vez que te lo repito Paul. No debes llamar la atención.
- Lo se.
- Pues no llames a Eve. Cualquiera puede estar pinchando el teléfono y averiguar lo que tú ya sabes. –esto último lo dijo en voz muy baja para que nadie lo oyera. – ahora vamos a tu habitación.
- Ya se ir yo solo Brian. No hace falta que me acompañes…
Pero Brian ya estaba subiendo las escaleras y dirigiéndose al cuarto donde John dormía plácidamente con Rose. Cuando llego delante de la puerta, pico. John se despertó con el sonido de los puños de Brian contra la puerta. Y como estaba adormecido y no sabía ni la hora que era ni dónde estaba, fue a abrir la puerta completamente desnudo. Brian se quedó mirándole con los ojos como plato, Paul se reía detrás y Rose, al ver quien era, se tapó rápidamente con la manta.
- John… esto… ¿podrías vestirte? Podría verte alguien- consiguió decir al fin Brian.
- Ah si. –John cogió una sábana y se ató a la cintura rápidamente. – Buenos días.
- ¿Puedo entrar?
- No. – dijo John y cerro la puerta.
Brian se quedo inmóvil delante de la puerta. Paul se le acercó por detrás y le puso una mano en el hombro. A esto, Brian respondió con un respigo.
- ¿Estás bien?
- Emm… si. Estaba Rose en la habitación ¿verdad?
- No- dijo nervioso.
- No me mientas. La he visto.
Luego fue a la puerta de al lado y pico. Está vez fue un George vestido el que le abrió. Agnes se había escondido en la terraza. Pero Brian apartó a George de la puerta y entró dentro.
- ¿Dónde está Ringo?
- Duchándose.
- No se oye la ducha.
- Pues se está duchando.
- Vale.
Luego se dirigió a la terraza.
- Buenos días Agnes.
- Buenos días.
Miró a George fijamente.
- ¿Dónde está Ringo?
- En la habitación de las chicas.
- Vale. Quiero veros a los cuatro en media hora en mi habitación.
Después de una bronca que parecía no tener fin. Al fin se fueron los cuatro a ocuparse de su trabajo. Las chicas se quedaban en el hotel. Solas.
Estaban aburridas tiradas en la cama. Contando moscas. Cuando Rose dijo.
- Ya casi no se le nota el moratón a John.
- ¿Qué moratón?- preguntó Agnes.
- Cuando John volvió del baño del avión tenía un moratón en el ojo.
- ¿De verdad? ¿Qué le pasó?
- Pues él me dijo que se había caído y se había dado un golpe con el lavabo.
Jime se empezó a poner nerviosa e intentó cambiar de tema.
- Bueno ¿y qué creéis que estarán haciendo los chicos?
- Cuéntanos lo que sabes.- dijo Agnes decidida el notar el nerviosismo de su amiga.
- ¿Yo? Saber ¿sobre qué?
- Sobre lo del ojo de John.
- Yo no se nada. Os lo juro.- dijo. Pero la forma en la que lo dijo la delató.
- Si, si lo sabes cuéntalo.- Agnes se tiró sobre ella y empezó a torturarla haciéndole cosquillas hasta al fin sonsacarle todo.
- Vale, vale. Os lo contaré. Pero para. – dijo entre risa y risa. Agnes paró. – bueno es que Ringo y yo habíamos ido al baño porque yo me sentía muy juguetona y entonces mientras los dos estabas haciéndolo apareció John. Ringo se puso como una moto y le pego un puñetazo en el ojo.
- Pobrecito John- dijo Rose.
- ¿Os pilló John haciéndolo?-preguntó Agnes.
- Si.
- ¿Pero cómo se os ocurre hacerlo en un avión y encima en el baño?-volvió a preguntar Agnes.
- Pues… no se.- su cara se supo roja como un tomate.- prefiero no hablar de ello.
- Bueno… no. Vas a tener que contarnos todos los detalles.
Y así pasaron la tarde. Charlando sobre los detalles de cómo había sido hacerlo en un avión, lo vergonzoso que fue que John les pillara… Y luego se pusieron a hablar de como eran los chicos en la cama, de momentos vergonzosos, curiosidades… Y ya a última hora de la tarde Eve llamó y le volvieron a contar todo lo del avión y ella les contó que les echaba mucho de menos a todas y que tenía una hermana…
En conclusión, eran tres amigas pasando una tarde en un hotel porque no podían salir a ningún sitio. Tenían miedo a perderse. Al final la tarde, que había parecido en un principio infinita y aburrida, se había convertido en una tarde de cotilleos muy entretenida. Cuando quisieron darse cuenta ya estaban en los brazos de sus amantes volviendo a hacer el amor. Aunque esta vez John y Rose lo hicieron con Paul delante.
Y así fueron pasando los días en Washington para las chicas. Unas veces se pasaban la tarde hablando y cotilleando y otras daban paseos alrededor del hotel y disfrutaban de los parques y los cafés estadounidenses. Cuando quisieron darse cuenta su breve estancia en Estados Unidos había concluido y ya tenían que volver otra vez a su hogar en Londres.
Los dos se mantenían abrazamos en la cama mientras los primeros rayos del amanecer se colaban por la ventana. Acababan de hacer el amor. Se habían vuelto a unir en una solo persona, en una sola alma. Ahora se mantenían abrazados el uno contra el otro, aún los dos desnudos. La respiración de él cada vez se hacía más acompasada y suave. Estaba rindiéndose al sueño. Ella, por el contrario, deseaba volverle a sentir dentro de él. Sentir sus cuerpos acompasados, sentirse libres, sentir el amor que él le transmite… Sentirse ellos mismos en el acto sexual. Le empieza a acariciar la espalda suavemente para que no se despierte. Aunque con la esperanza de que lo haga. Tiene un mal en definitiva teme perderle. Pero por ahora al menos, George y Agnes estaban muy enamorados.
Las fans se tiraban contra el escenario como animales en celo buscando tocar a alguno de los ansiados Beatles. Últimamente estaban más descontroladas que nunca. Arrancarles la ropa a los chicos parecía su afición favorita, daban realmente pánico. Deberían buscar una mayor seguridad, aunque a algunos miembros del grupo parecía gustarles la pasión que tenían estas chicas por ellos. Este era el caso de John y de Paul.
Una vez acabado el concierto se fueron a su acostumbrada cena en la que comentaban como había ido la actuación con Brian, su manager. La cena transcurría con las habituales bromas cuando inesperadamente sonó el teléfono. Un chico de aproximadamente 16 años se acercó a la mesa y le susurro algo a Brian. Este se disculpo por tener que ausentarse unos minutos y se fue a coger el teléfono.
-Discúlpenme chicos debo ir a atender una llamada- dijo John imitando a Brian en un tono burlesco y con un giro de muñeca para hacer la burla aún más cómica.
Todos los demás chicos se rieron y aún seguían riéndose cuando Brian volvió a aparecer.
-Era Ed Sullivan el que llamaba. “I want to hold your hand” acaba de ser número uno en Norte América. Ed Sullivan, el hombre que lanzó a Elvis, quiere que vayáis a Nueva York a actuar en su programa.- dijo con entusiasmo Brian mientras entraba en la habitación.
Entre los chicos hubo un intercambio de risas.
-No hay nada más importante que eso chicos- continuo Brian diciendo- Nada.
Levantándose todos gritaron:
-¿A dónde vamos chicos?- grito John.
-A la cima Johnny. A la cima- dijeron los otros tres.
-¿Y dónde esta la cima?
-¡En lo más alto del éxtasis!
Y con esta pequeña conversación empezaron a descontrolarse y a celebrarlo por todo lo alto.
Después de la cena la fiesta continuó en casa de Ringo y Jimena. Habían avisado a las chicas y ahora la fiesta transcurría a todo volumen. Los chicos y chicas bailaban, bebían y se drogaban.
John se fue de la fiesta a la cocina para llamar a Stu.
-Stu tengo que contarte una cosa.
-Ahora no es el momento John.
-¿¿Por?? ¿Desde cuando he pasado a un segundo plano?
-Desde hoy por la tarde.
-Me siento ofendido. – finge unos gimoteos.
-Bueno… a ver… dime.
-Dios Stu si me lo pides así no hay ganas de contártelo pon un poco más de interés.
-Oh John por favor me muero por saber que ha pasado. ¿Te vale?
-Podrías hacerlo mejor, pero vale. ¡Somos número uno en Norte América!
-¡¿Cómo?! Que bien John. Enhorabuena, me alegro muchísimo. – dijo Stu con entusiasmo.
-Si, si, muy interesante… pero dime… ¿por qué ahora he pasado a un segundo plano?
-¡Me he casado!- exclamo Stu con entusiasmo.
-¿Con quién?
-Con quien va a ser… con Judith.
-A pues enhorabuena, así que te unes al club de Paul definitivamente.
-Eso creo.
-Pues si tu eres feliz. A mi me encanta estar soltero.
-¿Y Rose?
-Esa es mi novia, no me impide hacer nada tenerla. Soy libre.
-Dios… John, no hagas tonterías de las que te puedas arrepentir…
-¿Qué te pasa Eve no pareces muy animada?- le dijo Paul a su mujer.
-¿Eh? Perdón es que estaba un poco distraída.
-¿Qué te pasa?
-Nada tan solo estoy un poco cansada.
-¿Quieres que nos vayamos a casa?
-No Paul. Tenéis que celebrarlo, yo aguanto- le dedica una sonrisa.
-Bueno… como quieras- Se aleja.
Agnes se acerca a Eve.
-A ver ¿qué pasa?
-¿Por qué todo el mundo me pregunta lo mismo? ¿Acaso tengo monos en la cara?
-No, pero pareces como desilusionada y melancólica.
-Pues no me pasa nada. Esto muy contenta.
-Que mal mientes.
-No miento.
-Al menos no insistas ya te he pillado.
Eve se queda callada y mira hacia otro lado. Agnes busca su cara y le dice:
-¿Es por John?
Eve la mira sorprendida.
-¿Por qué iba a estar yo mal por ese?
-¿Te gusta no?
-Emm no.
-Y voy yo y me lo creo. Confiesa de una vez. No se lo voy a decir a Paul.
-Mmm puede.
-Lo sabía.
-No lo veo y a Rose tampoco.
-Son novios y es John es lo más normal.
La mayor de las Beatgirls respira hondo y mira a Agnes con un deje de envidia.
-Creo que le amo.
-¿Y Paul?
-Me casé con él por conveniencia no le quiero.
Agnes mira hacia otro lado.
-Pero tenéis una hija.
-Lo se, a lo mejor sigo con el por eso.
-¿Y eso?
-Hace poco que me enteré que mis padres se habían muerto, ya no hay nada que me una a él.
-¿Y se lo has dicho a Paul?
-No, le quiero mucho como amigo. No quiero hacerle daño. No creo que deba contárselo de momento al menos.
-Si le quieres olvídate de John.
-Lo intento. Pero cada día le deseo más.
-Pues no se. Solo te pido que no le hagas daño a Paul y acuérdate de que también está Rose.
-Ya…
En esto que se les acerca John.
-Eve ¿vienes a bailar conmigo?
Eve enrojece y mira a Agnes que la fulmina con la mirada. Sin hacer ni caso de ella acepta el brazo de John y se va a bailar con él. Se alejan mientras Agnes sigue mirándoles mal. Pero al poco aparece George que con una sola mirada la hace sonreír y olvidarse de todo lo que pasa a su alrededor. Se mete en el mundo en el que solo existe él y nada más. Se para el tiempo para que puedan estar juntos. Eso si era amor y en el fondo ella la comprendía. No se puede luchar contra el corazón.
Habían pasado tres meses desde que Eve se había ido a vivir con los chicos para que sus padres no la encontraran y la arrastraran a su horrible vida otra vez, tres meses desde que Agnes había hecho el amor con George, y también tres meses desde aquel incidente con John en la calle.
Las tres amigas se habían hecho como hermanas, todos los días estaban juntas, a excepción de cuando Eve se iba a casa, se reunían por la mañana en el café y se iban a altas horas de la noche a dormir.
Hacía tiempo que Agnes se había enterado de que estaba embarazada, le quedaban apretados los pantalones, tenía los pechos más grandes y la barriga se le había redondeado. Pero aquella mañana se habían confirmados sus sospechas, se había levantado muy mareada y había acabado vomitando. Aún no se lo había dicho a nadie, pero tenía que hacerlo, no podía negar la realidad. Debía decírselo a George.
Cogieron el avión hasta Dinamarca y luego un barco hasta Londres, el resto del camino a Liverpool era en coche. El barco la había mareado y Judith se había recostado en el hombro de Stuart. Era alemana pero no lo parecía, tenía el pelo castaño y rizado, era bajita y sus ojos eran verdes. Se parecía a una muñeca de porcelana y en su cara relucía siempre su hermosa sonrisa. Una chica encantadora. Su padre trabajaba en una fábrica de chocolate como contable y su madre era ama de casa. Judith y Stuart habían sido invitados a Liverpool por unos amigos de él. Ella amaba a su pequeño amigo con locura y sospechaba que él también la amaba a ella. Se habían conocido cuando eran pequeños y desde entonces él iba a visitarla todos los veranos a Alemania. Pero aquella vez Stuart la había pedido que la acompañase en su viaje y ella había aceptado sin dudarlo un segundo.
Stuart la despertó con su dulce voz varonil y le dijo:
- Arriba dormilona, ya hemos llegado.
Y así era, Judith se asomo a la ventana y dio un primer vistazo a aquella ciudad en la que viviría el resto de su vida, aunque ella eso no lo sospechaba ni por asomo.
La limusina paro y un mayordomo fue a abrirle la puerta. Se encontraban delante de una casa de fachada blanca con una puerta, a un lado y a otro había casas igual de pequeñas que la que veía. ¿Cómo era posible que cuatro personas vivieran en una casa tan pequeña? Una ráfaga de viento le levanto el vestido, rápidamente se bajo la falda. Cuando volvió la cabeza otra vez hacia la casa vio a cuatro chicos en la entrada. Los cuatro llevaban puestos un traje negro. Los reconoció de sus conciertos en su ciudad, eran “The Beatles”, John, Paul, George y Ringo. Salió también una chica rubia con un vestido blanco y un mandil rosa, se quito el mandil y se lo dio a Ringo diciéndole:
- Tengo prisa guárdamelo en el cajón por favor hace media hora que tenía que estar en el bar y voy con prisa.
- Vale, luego vamos nosotros a veros.
- Espera, Eve. Te vamos a presentar a nuestros invitados. – dijo John.
- Anda no me había dado ni cuenta. Hola me llamo Eve.
- Encantado, soy Stuart y esta es Judith una amiga.
- Me encantaría quedarme pero tengo mucha prisa, ya os veré por la noche.
Eve salió corriendo calle arriba.
- ¿Cómo es que traes acompañante Stu?- pregunto Paul con malicia.
- Es una gran amiga mía y aparte todos la conocéis, estaba siempre en nuestros conciertos.
- Vamos que te has traído una fan. – le dijo John.
- Por favor estamos cansados del viaje, nos gustaría descansar. Dejar las bromas para luego.
- Vale, os enseñaremos donde dormís cada uno.
Entraron todos en la casa, era más grande por dentro de lo que parecía por fuera. Había una cocina, dos baños, un salón, cuatro habitaciones y un patio. Stuart llevaba las maletas de los dos, no le dejaba hacer el mínimo esfuerzo.
- Judith duerme con Eve en esa habitación y Stuart conmigo –dijo George.
Stuart dejo las maletas de Judith en la habitación donde dormiría ella y todos la dejaron sola instalarse. En la habitación había una cama muy grande, dos mesitas a los lados y encima de cada mesita una lámpara y fotos de “The Beatles”. Compartiría aquella habitación con la chica que había salido corriendo, aun no podía entender que hacía esa chica entre tantos chicos. No podía ser la novia de ninguno porque sino no dormiría en una cama aparte. Podía ser la hermana de alguno de ellos. Lo averiguaría esa noche cuando tuvieran que arreglárselas para compartir la cama. Se recostó en la cama y se quedo dormida al instante, estaba agotada.
Mientras en el café se encontraban ya Rosa y Agnes, Eve llegaba tarde, que novedad. De repente apareció por la puerta hiperventilando.
- Lo siento, me entretuve con la nueva inquilina.
- ¿Nueva inquilina?- preguntaron Rosa y Agnes a la vez.
- Sí, Stuart ha llegado ya y se ha traído a una amiga consigo.
- Anda. Bueno Agnes, ¿no tenías nada que contarnos?
- La verdad es qué sí, estoy embarazada.
- ¡¿QUÉ?!
- Os acordáis de la noche que pase con George, pues me dejó en estado.
- ¿Y qué vas a hacer? – le pregunta Eve.
- Se lo tengo que decir.
- Pues vas a tener oportunidad ahora, están entrando por la puerta.
- Hola chicas- saludaron todos.
- ¿Y Stuart y su amiga?- pregunta Eve.
- Se quedaron en casa, estaban muy cansados- le respondió John.
Agnes cogió a George y lo llevo a un sitió más apartado del grupo.
- Tengo que hablar contigo.
- ¿Qué te pasa?
- No sé cómo decirte esto. ¿Te acuerdas de la noche que pasamos juntos?
- Pues claro que me acuerdo, fue la mejor noche de mi vida.
- Pues me dejaste embarazada.
- ¿De verdad?- se le ilumina la cara con una sonrisa irresistible.
- ¿Por qué estás tan contento?- le da una bofetada.
- ¿Cómo no lo voy a estar si vamos a ser padres?
- A mí no me gusta la idea aun soy muy joven, y aparte fue un accidente.
- Fue un milagro, por favor no lo llames accidente. Yo me haré cargo de ti.
- Como no tengo otra alternativa aceptaré.
- Me has hecho el hombre más feliz del mundo.
John había notado que Rosa estaba preocupada por algo, no podía verla así, todos estos días junto a ella le habían hecho darse cuenta de cuánto la amaba, y cuando ella estaba triste el también.
- ¿Qué te pasa?
- Nada.
- Algo te pasa, no sueles tener esa cara cuando estás en mi presencia.
- ¿Y qué cara suelo poner?
- Siempre se te ilumina.
- Mentiroso, eso solo me pasa cuando te vas.
- Si, seguro.- la besa, pero Rosa se aparta.
- ¿Qué haces?
- Besarte, no lo niegues, me deseas.
- ¿Se te ha caído un tornillo?
- Me di cuenta el día que te robe la guitarra que tú me mirabas con unos ojos apasionados.
- Y no te habías dado cuenta de que te odio desde el día que hiciste eso.
- No te creo, se que quieres ir conmigo a la cama. Encima que acepto tu proposición.
- Vale… ¿Qué te has tomado?
- Oye no me apetece tonterías guapa, mejor otro día- le guiña un ojo- Paul, vámonos, seguro que encontramos putas mejores.
- Ya te sigo yo luego.
- ¿Enserio vas a ir?- le pregunta Eve.
- No, estoy mejor acompañado aquí.
- Ja ja ja, ¿mejor que con unas putas?
- No necesito a ninguna para disfrutar, mi entretenimiento vive en la misma casa que yo.
- ¿En serio? No sabía que veías a John de esa forma.
- Jajaja. Ya le gustaría a él, me estaba refiriendo a otra persona que he conocido hace poco.
- Pervertido.
- Lo hiciste porque quisiste.
- Lo hice porque alguien me dio una droga.
- No te negaste.
- Nunca había visto ninguna.
- Ya lo sé, la señorita es muy finita.
- No te rías de mí
- Vale, no lo haré.- le sonríe.
George acompañó a casa a Agnes y a Rosa, pero mientras subían las escaleras ocurrió el desastre. Agnes resbaló y cayó rodando escalera abajo. Antes de que se pudieran dar cuenta ya estaba tirada en el suelo sangrando. Rápidamente la llevaron a un médico, no supieron nada de ella en toda la noche.
Eve se levanto con dolor de cabeza, sin tener ni idea de lo que había hecho el día anterior y con unas nauseas terribles. Se levanto de la cama y se fue a darse una ducha fría. Después se vistió con la ropa de andar por casa y se dirigió al salón. En él estaba Rose:
-Buenos días- dijo Eve.
-Serán buenas tardes, son las cuatro.
-¿He dormido tanto?
-Sí, hay algo de comida dentro del congelador cómela.
-No tengo muchas ganas, no me encuentro muy bien.
-Vale, ¿Has vomitado?
-No, ¿por qué iba vomitar?
-Porque ayer te drogaste y te llenaste a alcohol.
-¿Qué? No me acuerdo de nada.
-¿Tampoco de que te pusiste a hacer un “striptease” delante de “The Beatles”?
-¿Qué me puse a hacer qué?
-Te subiste a una mesa y empezaste a desnudarte, menos mal que el dueño no estaba, te hubiera despedido.
-No me acuerdo de nada.
-Pues espero que la próxima vez te controles o ¿es que siempre que salgáis voy a tener que ser la madre de ti y Agnes?- dijo Rose gritando, estaba muy enfadada. Había pasado la peor noche de su vida cuidando de Eve y cuando se levanto se había encontrado a Agnes llorando desconsoladamente en la cama.
-¡No me grites!
-¡Te gritare siempre que quiera!
-¡Cállate! Pareces mis padres.- Eve se dio cuenta de lo que acababa de decir y pregunto- ¿Hable ayer de mis padres?
-¿Eh? No ¿Por qué?
-No, por nada.
-Cuéntamelo, soy tu amiga. ¿Quiénes son tus padres?
-Ya te lo he dicho unos campesinos.
-No me lo creo
-¿Por qué?
-No pareces una campesina.
-Pues lo soy.
-¿Y por qué te fuiste?
-Porque no quería quedarme en el campo. Odiaba levantarme temprano, la suciedad y a los animales.
-Te gustan los animales.
-No, no me gustan
-Paul ayer te enseño a su perra y estuviste como loca jugando con ella.
-¿De verdad?
-También dijiste que tú tenías una perrita llamada Princesa y que adorabas los animales. En conclusión, o me mientes a mi o le mientes a él.
-Vale, me fui porque mis padres me odiaban.
-¿Por qué te odiaban?
-No quiero hablar de ello.
-Vale, pero si no me cuentas la verdad olvídate de mi amistad.- Rose se fue a su habitación.
-Espera- Eve salió detrás de ella- te lo contare todo, pero prométeme no contárselo a nadie
-Te lo prometo.- la dejo pasar y las dos se sentaron en la cama.
-Bien, me llamo Eve Henley y no soy una antigua campesina. Mis padres son uno de los matrimonios más ricos de Inglaterra, vivía en Londres en una casa de campo con mis padres y mi perrita. Todos los días venían mis amigas a verme a mi casa y juntas pasábamos el día en la piscina o paseando por el campo, o incluso nos sentábamos en mi habitación y nos poníamos a hablar de chicos monos del instituto. Mis padres estaban muy orgullosos de mí. Cuando cumplí 15 contrataron a un nuevo jardinero, se llamaba Robert. Era alto, fornido, tenía el pelo de un castaño claro precioso, y sus ojos eran verdes. Me encantaba verle trabajar y un día me empezó a hablar. Al poco tiempo nos habíamos enamorado y nos veíamos a escondidas en su cabaña. El día de mi 16 cumpleaños por la noche me escape de mi cama y me fui a su cabaña. Él me beso apasionadamente y nos dejamos llevar por el deseo. Cuando llegue a casa mis padres estaba furiosos, el ama de llaves se lo había contado todo. A Robert lo despidieron en el acto y a mí me encerraron en mi habitación, a la gente le decían que estaba en un colegio norteamericano estudiando. No tuvieron compasión conmigo, pase tres años encerrada allí. Hace un mes me entere de que me habían concertado una boca con un amigo viejo y rico de mi padre, siempre había venido a nuestra casa y me regalaba muchas cosas, me había estado cortejando desde que tenía 10 años. Lo detestaba era viejo y asqueroso, siempre que pasaba una chica guapa le metía mano. No me podía creer que mis padres me estuviesen haciendo esto, con lo cual, me escape de casa y me vine a vivir a Liverpool. No quiero volver a verles y menos volver a saber algo de ellos. Por favor me gustaría no volver a hablar de esto.
-Vale- Rose abrazó a Eve- esos sí que son unos malos padres.
Como es natural el tiempo durante las siguientes semanas empeoro y los ánimos de Agnes eran como una montaña rusa… Por su cabeza rondaban un montón de ideas, pensamientos y dudas. Como no sabía qué hacer fue a dar un paseo para serenarse, eso la relajaba de todo lo ocurrido.
Fue entonces cuando vio a una gringa bajar a toda velocidad la calle. Llevaba tacones negros e iba envuelta en un abrigo rojo que le llevaba por las rodillas. Sus ojos escondidos en unas gafas de sol y su cabello recogido en un moño alto daban un toque glamoroso. Iba tan rápida y absorta en si misma que al pasar a Agnes le dio un empujón con el bolso.
—¡¿ EH?! – se quejo.
-Pero no recibió disculpas de nadie; ya había desaparecido. “Esta se cree Audrey Hepburn en busca de algún Tiffany’s” pensó. Pero la extrañeza de aquel día era solo el principio. Poco después, ya de regreso a su casa se le cruzo un gato negro indicio de mala suerte para algunos; no para Agnes. Más raro le pareció que Rose lo persiguiera…
— ¡¡ROSE, ESPERA!! – intento seguirla pero le perdió la pista.
Nada, ni caso, que pasa hoy, tan invisible era… De repente como salida de la nada una brisa agitó su pelo y su falda. Entonces vio como una persona corría y cruzaba la esquina por donde había pasado Rose. “Ese no era John” dijo mentalmente. Estaba desconcertada se dijo a si misma que no volvería a parar y se dirigió a casa en busca de Eve, si es que todavía no se había ido a trabajar.
Llego antes de que la pillara la tormenta pero regreso con más dudas con las que había salido, aun así dejo sus problemas a un lado para pensar en otras cosas.
Mientras Agnes paseaba, Eve y Rose tuvieron que irse a trabajar. Hoy en The Cavern serían los Beatles los que actuasen. Por alguna extraña razón, después de la actuación de la noche anterior, la guitarra de Rose no aparecía, menos se podía imaginar quien la pudiese tener entre sus manos.
Al ser su primer día, Rose serviría las mesas y Eve en la barra. Apenas podían cruzarse palabra entre ellas, más que los pedidos que hacían los clientes. Llegó la hora, fue cuando los cuatro de favoritos de Liverpool hicieron acto de presencia en el escenario. John entró bromeando con Paul, mientras Ringo se colocaba en la batería y se reía de sus tonterías, y George, simplemente se mantenía al margen. Dentro de su seriedad y timidez, hoy el beatle tranquilo, no tenía ganas de bromear con sus amigos. Empezaron a tocar y Rose miró hacia ellos por un momento. No entendía que era lo que ellos tenían que los hacían tan importantes y enigmáticos, pero tenían algo, y a la gente les gustaba… Y la vio… ¿A quién? A su guitarra… John estaba tocando con ella y sonaba diferente a cuando ella la tocaba. John Lennon había robado su guitarra, si. Rose cambió su estado de ánimo a estar enfadada. Esa guitarra era lo único que tenía y le había costado mucho conseguirla, vivió más con ella que con cualquier persona y ahora John Lennon la tenía.
Rose se acercó con las bebidas a una mesa y las iba posando con fuerza, intentando descargar un poco de su enfado. Los clientes estaban extrañados, pero era igual, los Beatles estaban actuando y prefieron desviar su atención de nuevo hacia ellos.
-No me lo puedo creer.-Dijo Rose al acercarse a la barra.
-¿Qué pasó?-Preguntó Eve.
-Mi guitarra, ese Beatle tiene mi guitarra.-Contestó enfadada.
-Seguro que no sabía que era tuya, cuando acaben de tocar vete a hablar con él.
-Eso haré…
-Ahora ve allí.-dijo Eve señalando una mesa.-Tienes una mesa que atender.
Rose se fue y continuó con su trabajo.
Cuando acabaron la actuación el bar se empezó a vaciar de forma misteriosa, la mayoría de la gente solo iba para verles a ellos y una vez acabada la actuación no tenían porque seguir en ese local oscuro y lleno de humo. Rose aprovechó el momento. Dejó su bandeja en la barra y fue hacia la parte de atrás del escenario con las bebidas que los chicos tenían pactadas después de la actuación. Picó a la puerta como si nada hubiese pasado y apareció un hombre que no parecía tener nada que ver con los chicos. Tenía una cara agradable, el pelo peinado y traje. Parecía el padre de todos ellos y más o menos así era.
-Gracias.-dijo tomando las bebidas.
Alguien le tiró a ese hombre una camisa a la cabeza, se escuchaban risas y burlas desde dentro. Se acercó alguien a la puerta, sin camisa y le ayudó con las bebidas, era John. No se podía decir que era alguien que se preocupase por su forma física, pues no estaba precisamente delgado, pero tenía su encanto. Saludó a Rose de manera burlona.
-Hombre, la reina madre. ¿Cómo está tu amiga? Paul tiene un gran recuerdo de ella.
El hombre se fue, dejándola sola con John.
Ese comentario hizo que Rose ardiese por dentro, contestó seca y fría.
-Tengo que hablar contigo.
-Me gustan las chicas más difíciles, no las que van detrás de ti todo el tiempo, ¿me entiendes?-Contestó.
-Se trata de mi guitarra.
-¿Qué pasó con ella? ¿La empeñaste?
-Es la guitarra con la que tocaste esta noche,
exijo que me la devuelvas.-Dijo extendiendo la mano.
-Espera un momento, ¿cómo se que es tuya?
-Es mía, yo te lo estoy diciendo…
-Claro… Solo la quieres para venderla y tener dinero para volver a España porque fracasaste como cantante…
-Que en este “barucho” de mierda no me hayan querido contratar no significa que no sirva como cantante…
-Será verdad.-dijo con cara de indiferencia.
Abrió la puerta dejándola pasar, sin saber cómo ya no había nadie en el camerino. John se acercó a una mesa, tomó un cigarrillo y un mechero, lo puso entre sus labios y lo encendió. Rose puso una cara desagradable. Él se apoyó contra la mesa y dijo:
-Negociemos.
-No hay nada que negociar… Dame mi guitarra-Insistió.
-Deberías darme algo a cambio, ¿no crees? Yo la encontré… Podían haberla tirado a un contenedor después de tu actuación.
-Eres cansino, y un imbécil…
-Sí, sigue así, me gusta…-Dijo con un tono placentero.
-¡Me pones mala!
La acercó a él.
-Sí, más…-Dijo en el mismo tono.
-Estúpido.
Intentó alejarse, pero John la estaba cogiendo con fuerza por la cintura, lo empujaba y él la agarraba aún más fuerte. Por un momento, Rose dejó de hacer fuerza contra él, John aprovechó a cogerla por el cuello y la besó. Dejó de pensar por un momento y no opuso resistencia, le siguió el beso, hasta que se dio cuenta de lo que estaba pasando.
Rose lo empujó con fuerza y se alejó de él. Agarró lo que más a mano tenía, una cartera y salió corriendo. John se había quedado perdido después de haber besado a Rose, había conseguido lo que deseaba. Reaccionó y la vio salir corriendo con algo en las manos, miró a todos lados. Su cartera. Rose salió del bar corriendo y John tras ella.
Cuando ella salió de bar un gato negro echó a correr asustado, cruzó la carretera sin mirar, pero por suerte no pasó ningún coche por allí. John la perseguía y ella corría por una ciudad prácticamente desconocida. Dio la vuelta a una esquina y se encontró en un callejón sin salida. John seguía persiguiéndola, debía encontrar una forma de escapar. Demasiado tarde John dio la vuelta a la esquina y la aferro fuertemente del brazo.
-Quieta.
-¡¡Socorro!!
-Cállate y devuélveme la cartera.
Rose miro su mano y vio la cartera que había cogido al salir corriendo, no era la suya. La utilizaría en su favor.
-¿Cómo se que es tuya?
-¿Por qué lo es?
-Yo no veo tu nombre.
-Te he dicho que me la des.
-Y que me vas a dar a cambio.
-¡¡Ah!! Ahora caigo, quieres la guitarra.
-Y que me dejes irme.
-Trato hecho toma tu guitarra.-le dio la guitarra.
-Aquí tienes tu cartera.-Ella le devolvió la cartera.
-Una cosa más, volveré, no te creas que has ganado.
Después de eso Rose salió corriendo y no paró hasta llegar a su casa, donde se encontró a Eve con unas maletas.
-¿Te vas a algún lado?
-Sí, me voy lejos de aquí, lo más lejos posible de aquí.
-¿Por qué?
-Mis padres me han encontrado, tengo que escapar de ellos.
-No te vayas, te echaríamos de menos
-Pero si ya saben hasta donde vivo.
-Creo que tengo una idea, aunque no sé si es lo mejor. Pero tendremos que contárselo todo a Agnes.
-No, prefiero que no lo sepa nadie más.
-Se lo diremos, es la única forma de que te encuentren tus padres.
-Vale.
Por la noche, a la hora de la cena, Rose y Eve le contaron la historia del pasado oculto de Eve. Agnes no sabía cómo podía ayudar pero Rose sí, se lo explico todo y las tres se pusieron manos a la obra.